Al respecto existen algunas teorías basadas en ciertos estudios estadísticos. Se sabe, por ejemplo, que los deportes en los que interviene el juego con una pelota manejada con la pierna son mucho menos predecibles que aquellos que se juegan con la mano.
Para entenderlo comparemos al futbol con un deporte de tipo diferente: el básquetbol o baloncesto. En éste último las estadísticas muestran que normalmente un equipo que se considera mejor, tiene pocas chances de ganar a un equipo que se considera peor en calidad de juego y jugadores. A esto hay que agregarle un factor fundamental: el control que se hace de ambos juegos por parte de los árbitros.
En el futbol, en el mejor de los casos, un solo árbitro junto con dos ayudantes distantes (los jueces de línea o linieres) y un cuarto fuera del campo de juego (cuarto árbitro) hacen su trabajo para cubrir alrededor de dos hectáreas de cancha. En el básquet, por seguir con la comparación, se juega con tres árbitros que tiene prácticamente las mismas competencias para intervenir en el control del juego, y el campo en este caso no supera los 30 x 20 metros.
El resultado es que en apuestas futbol la incertidumbre es siempre claramente mayor. Esto tiene una consecuencia directa en la polémica que genera en los aficionados, hasta el último minuto o hasta que se acaben las posibilidades matemáticas de ganar, se mantiene la esperanza de que el equipo preferido logre su objetivo, uno siempre puede apostar por su equipo, porque por muy malo o muy bueno que sea el otro, las chances de que las cosas no salgan "como teóricamente deberían salir" son muy altas, y esto es lo que atrae a semejantes multitudes.